Entre las cosas que vengo a contar hoy, tengo que decir que soy una persona de palabra y no prometo lo que no voy a cumplir por eso voy a hacer “cinc cèntims” como dicen en mi tierra (literalmente “cinco céntimos”, una pincelada) sobre quién soy.
A los fatídicos catorce años me mudé con mi familia, mis mascotas y mis libros -literalmente a cuestas- a una zona residencial que odiaba con todas mis fuerzas, después de haber pasado ya previamente por algunos traslados (ya no vivo tampoco allí). Soy estudiante de filología hispánica, pecosa en verano, escorpio, escéptica, llorona, maniática, alegremente alocada, testaruda y entusiasta. Mi color favorito es el rojo, vivo en un profundo caos que se llama habitación aunque en realidad detesto el desorden, suelo caer mal ya que no encajo en ningún sitio, no soporto el egoísmo, se me da mal la lógica y me alimentaría exclusivamente de arroz.
Soy la única persona de mi familia que lee, escribe, fotografía o se expresa por cualquier vía que le sea posible, no he tenido referentes cercanos y me consideran una “rarita” cuando en Navidad me brillan los ojos después de adivinar las páginas de un libro bajo el papel de regalo, pero eso solo ha hecho hincapié en naufragar más aún en esta burbuja de soledad creativa en lugar de salir de ella y pretender estar en armonía con las personas de casa y del mundo y sus respectivos quehaceres.
Necesito las letras como oxígeno en mis pulmones y es esa pasión por dejar mis desasosiegos y fantasías en algún lado tangible como es un papel o una pantalla de pc, lo que me hizo ordenarme por dentro y encontrar “mi voz” cuando más perdida física y emocionalmente estaba, disfrutar de la vida otra vez y enamorarme de ella.