Sobre mi
- Noviembre
- Bcn, Spain
- Nací en Barcelona un lunes de noviembre, yo creo que por eso me gustan tanto los lunes, es como volver a nacer, volver a tener la oportunidad de hacer todo aquello que no has hecho, empieza la semana y empiezan las oportunidades. No tengo nada de especial: Aprendí a escribir en preescolar y ahora tengo un modesto blog donde hacerlo. Nunca me gustó jugar, sólo crear me entretenía: pintando dibujos contínuamente, inventando cómics que le regalaba a mi profesora, montando edificios y casas con piezas de Lego... pero las barbies y las nenucos que coleccionaba eran sólo ímpetu de mis tías. Ahora todo eso lo vomito en un cajón llamado internet. Crear siempre me aportó paz y plenitud, me ordena por dentro, así que espero que disfrutéis tanto como yo apaciguando mi caos.
sábado, 3 de marzo de 2012
El amor y no el éxito es lo importante
viernes, 17 de febrero de 2012
Mil razones para amarte

jueves, 19 de enero de 2012
2012
lunes, 12 de diciembre de 2011
All I want for Christmas is you
Parece que el espíritu navideño me salga de las entrañas como si un ancla que me arrastra forzosamente tratara de simular que todo está bien y que no hay ningún motivo para no celebrar las fiestas, como si todo volviera a ser como hace unos años y que así doliera menos que jamás lo será. Entonces, me encuentro practicando el barroco con los adornos en casa y haciendo planes de los de "calor humano" para esos días.
Desde que no estás, la encendida de luces en las calles me pone de mal humor, me vuelvo vulnerable y susceptible. Al principio creía que estaba enfadada por que lo hubieras estropeado todo y, de hecho, muchos creen que lo estoy, pero me he dado cuenta de que no es así. Es simple y llanamente que tengo una herida abierta en canal que me hace retorcerme por echarte tantísimo, tantísimo de menos. Me ha costado averiguarlo pero ahora que lo sé duele incluso más, tanto que a veces preferiría odiarte.
En esta época en la que muchos quisieran pasar página en el calendario y que es irremediablemente imposible, no hay día que no piense en ti... Cada vez que te recuerdo, las dudas me marean.
No sé qué es lo que me ha traído hasta este punto, tal vez sean las mismas ganas de que este año llegue ese bonito regalo que tanto he anhelado siempre, ése que vale más que cualquier otro en el mundo y que me haría llorar de felicidad con tan sólo un gesto.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Porque quiero ganar... simplemente.
martes, 15 de noviembre de 2011
En tiempos de crisis..... talento es lo que hace falta.
lunes, 14 de noviembre de 2011
El sí de las niñas: lectura obligatoria (en clase y fuera de ahí)
La pieza teatral “El sí de las niñas”, de Leandro Fernández de Moratín me resultó una de las obras más atractivas para realizar este comentario de opinión dentro de las lecturas recientes a las que me he adentrado, no tanto, desde una primera impresión, por el contenido y el hilo argumental sino por la gracia con que la escribió el autor. Moratín se erigió en baluarte, a través de la corriente llamada “comedia moratiniana”[1], en oposición a la tragedia y los sainetes, que vivían el máximo auge literario.
Al empezar a leerla me pareció una obra tan breve como simple con todas las connotaciones negativas que ello pueda comportar. No obstante, se hacía más compleja e interesante a medida que me introducía en ella: Era fácil pensar que, de alguna manera, nos recordara el teatro del absurdo de Miguel Mihura (como por ejemplo en “Tres sombreros de copa”), donde el humor sarcástico y los personajes simples asoman un previsible final pero, aunque “El sí de las niñas” cumpla con esas semejanzas, por el contrario, Moratín supo sacar a relucir lo más ilógico dentro de una situación lógica (o, según como se entienda, viceversa), por ejemplo: si la protagonista -Francisca-, a medida que iba avanzando la obra, se encontraba destinada a llevar una vida melancólica y frustrada sin poder escapar bajo ninguna circunstancia de esa situación, en este caso el autor decidió dar un giro inesperado y añadió, de la nada, personajes o trasfondos que no
conocíamos y que obligaban a cambiar el final de la trama.
Esta obra de teatro trata el tema de los matrimonios de interés y, en relación, la relevancia que cobraba la educación sumisa y religiosa en las niñas del siglo XVIII para llevar dichos matrimonios a cabo, motivo al que ya le dio antes visión Don Miguel de Cervantes en el capítulo XIV de “El Quijote”, en el discurso del personaje de Marcela (donde hablaba del derecho de las mujeres a amar al hombre que querían) y en el que Moratín se apoyó.
Hay una característica que me despertaba un especial interés a medida que iba leyendo y que me gustaría destacar especialmente: la manera en que Moratín consigue romper con
la previsibilidad.
Una de las características fundamentales en “El sí de las niñas” es, tal y como he resaltado en la introducción, la supuesta (y frustrada en este caso) previsibilidad, peculiaridad muy acentuada en la literatura de la época ilustrada, ya que, la propia sencillez de la obra desemboca en un supuesto final por parte del lector/espectador generalmente acertado; aunque Moratín tal vez se acerque más a la comedia romántica posterior. Además de esta sencillez, la coherencia y la concisión se veían reforzadas por unos factores particulares como una serie de personajes prototípicos nacidos de una sociedad retrógrada y conservadora que, en su mayor parte, parecía incapaz de rebatirlo. De entre estos personajes se apreciaba el reflejo del contexto social que, a pesar de la lucha de una minoría, se encajonaba cada vez más en la bufonería por un pensamiento simple y conformista frente a las posibilidades de avance social y de las libertades que defendían los ilustrados y, en concreto, los neoclásicos y que ambos trataban de combatir en sus obras, como es el caso de Moratín. Sin embargo, y aunque al principio de la lectura parecía cumplir esa singularidad de desenlace previsible, finalmente “El sí de las niñas” me sorprendió convirtiéndose en una obra alejada del prejuicio simplista.
Para argumentar mi opinión me basaré en algunas características ya comentadas:
1- La sencillez y el claro didactismo típicos de la literatura de la Ilustración dio paso al fiel arraigo por la regla de las tres unidades en el teatro (unidades de acción, tiempo y espacio) y que exigía un solo escenario, un desarrollo corto del tiempo y una única acción para darle así más cohesión y claridad a la obra. Ejemplificándolo en “El sí de las niñas”, la trama se desarrolla en su mayor parte en la posada madrileña de Don Diego (cumpliendo con la unidad de espacio), futuro marido de la joven Francisca, interna en un colegio de monjas que instruía a las muchachas para un comportamiento hacia el respeto por la voluntad de sus autoritarias madres y hacia la obediencia. La protagonista va acompañada de su madre, Doña Irene, a visitar un par de días al anciano Don Diego (periodo que hace referencia a la unidad de tiempo) con la única intención de preparar la boda y conocer a su prometido (lo que representa la unidad de acción).
2- Hablemos, pues, del prototipo de personajes en esta obra de teatro neoclásico. Son unos personajes más cercanos al lector/espectador porque trata temas de la clase media. Además, son también personajes aparentemente planos y encasillados en la resignación, parecen sentirse satisfechos con la adopción de una vida fácil dada al acomodamiento económico y a la tradición española de aspirar a un matrimonio donde el amor queda en segundo plano, es decir, como algo que debe surgir desde la perseverancia y no desde la fluidez natural; es el caso de Doña Irene, una madre viuda, egoísta y arruinada que pretende sacrificar la felicidad de su hija de dieciséis años y convencerla para que se case con un noble de avanzada edad (Don Diego[2]) sin ninguna otra alternativa futura. Esta actitud muestra un comportamiento obsesivo por el ascenso social muy común en las gentes de la sociedad ilustrada.
Durante el primer acto parece que el resto de personajes gira también a su voluntad y que, en conjunto, todo ayuda a que acabe siendo una obra con final dramático, pero más adelante se comprueba que Don Diego -que está realmente emocionado por la boda y resulta el único personaje que representa la justicia, la empatía y la actitud coherente- es el primer punto de inflexión hacia la libertad y el progreso de las mentes. Él no está de acuerdo en hacer de Francisca una desdichada y se esfuerza en dialogar con ambas para asegurarse de que la desgracia no ocurra. Después, es la propia Francisca, una niña prácticamente devota y nacida para complacer a su madre, la que confiesa no querer casarse con el viejo por estar enamorada de otro hombre, Don Félix. A partir de ahí, se abre una esperanzadora puerta a la posibilidad del desencajonamiento definitivo de la sociedad española. Es en el último acto cuando los dos personajes prometidos, junto con la aparición del amado de Francisca, Don Félix[3] y a regañadientes de Doña Irene, luchan por aclarar la situación después de expulsar de la finca a Don Félix y encontrar su carta. Don Carlos (o Don Félix) es un personaje que, fruto del amor, se muestra rebelde desde el inicio de la obra al desaparecer de su destino militar pero que, al revés de Francisca, en el momento más álgido del embrollo, se acobarda y actúa desde el miedo hacia su tío Don Diego obedeciéndole y marchándose de la finca tras un regaño que éste le hace. Por lo tanto, estos personajes que al inicio de la lectura parecían planos, acaban evolucionando en la historia y reforzando con las actitudes que toman y sus actos la idea de la no previsibilidad.
3- Respecto a la separación entre lo cómico y lo trágico es un hecho que nació con el Neoclasicismo. Éste género admiraba la literatura griega y latina y sus rígidas normas (es por ello que acuna la regla de las tres unidades estrictamente) y trataba de forzar un retorno a la literatura clásica, la cual impuso también el gusto por la razón y un rechazo de los sentimientos. Por ello prevalecían el ensayo y el teatro frente géneros más sensacionalistas y fantásticos, ya que no se escribía para entretener sino para educar. Como consecuencia a todo ello desaparecieron las formas de composición líricas y aumentó la voluntad por tratar la verosimilitud.
Haciendo frente a esta separación y al aislamiento que sufre la tragedia, Moratín fue el único dramaturgo que creó una comedia a través de la sátira de costumbres, uniendo la crítica de la raíz intelectual en el planteamiento y en el nudo que muestra los vicios sociales y la de raíz afectiva que muestra las virtudes en el desenlace para, así, lograr ese afán didáctico.
4- En referencia a los logros conseguidos gracias a esa voluntad educativa podría decirse que la crítica que hace el autor a esa falsa religiosidad de las gentes y de los personajes de “El sí de las niñas” que llevó a la Inquisición dio conciencia lo suficiente para que soplaran nuevos aires en la España del siglo XVIII y las decisiones que los padres tomaban respecto a sus hijos a partir de entonces. También hubo muchas reformas administrativas y
la eliminación de los privilegios feudales.
Económicamente se abrió el mercado para el comercio libre, lo que dio paso a la especialización productiva en la península y, en consecuencia, también aumentaron de población progresivamente zonas concretas del país, motivo por el que el Rey Carlos III creó poblaciones de inmigrantes alemanes como La Carolina o La Carlota (llamadas así en su nombre) para crecer la población de las zonas que carecían de ésta. El mismo rey fundó la Escuela de artes y oficios en las ciudades más importantes de España, fábricas de materiales lujosos pero también de productos de uso común -como la fábrica de paños de Ávila-, nació la Real Academia Española y no fue menos la educación superior
5- Por último, y no por ello menos importante, hay que tener en cuenta las formas del lenguaje. Un punto imprescindible para lograr la principal causa de interés de esta reseña, ya comentada anteriormente: la ruptura de la previsibilidad y la sencillez. Los recursos teatrales del dramaturgo madrileño se basan en prolongar la atención del lector/espectador mediante giros inesperados de la acción o enredar una trama aparentemente simple, tanto como sumar desenlaces cuando la historia está en sus puntos álgidos[4] y recurrir a un humor próximo al público. Además, hay pocas diferencias con el español actual y Moratín también adecúa el lenguaje oportuno para cada personaje. Lo podemos ver, por ejemplo, con Don Diego y Doña Paquita: el primero, un señor de clase social alta y culto, se expresa de manera fluida y correcta, mientras que la segunda utiliza frases cortas representando a una persona con dificultades para comunicarse ante personas de diferente status.
Ejemplo de un fragmento perteneciente al diálogo del tercer acto de la obra, escena 8ª, cuando Don Diego trata de asegurarse que la futura boda con Doña Francisca es viable, deseada y correcta y que muestra el lenguaje diferenciador de Moratín:
-Don Diego: ¿Qué siente usted?
-Doña Francisca: No es nada... Así un poco de...Nada... No tengo nada.
-Don Diego: algo será porque la veo a usted muy abatida, llorosa, inquieta... Qué tiene usted, Paquita? No sabe usted que la quiero tanto?
-Doña Francisca: Sí señor.
-Don Diego: Pues por qué no hace usted más confianza en mí? ... Piensa usted que no tendré yo gusto en ocasión de complacerla?
-Doña Francisca: Ya lo sé.
-Don Diego: Pues cómo sabiendo que tiene usted un amigo, no desahoga con él su corazón?
-Doña Francisca: Porque eso mismo me obliga a callar.
Cabe decir, también hablando del lenguaje, que en este nuevo teatro que sentará un precedente del drama romántico para sus contemporáneos, el autor muestra sus ideales personales referentes a la Ilustración por medio de la ironía y la ridiculización de aquello que impide que los personajes se muestren sinceramente tal y como son excepto en la última parte, como ya he argumentado anteriormente: se crecen en un comportamiento abierto a la comprensión y aceptación de la realidad y todos los personajes toman una actitud sencilla y honesta quitándose las máscaras con las que se habían presentado. Es decir, la verdad acaba triunfando en la obra y el afecto resuelve el grave conflicto.
La última peculiaridad a destacar que demuestra la ruptura de la previsibilidad a través del lenguaje es la anticipación. El espectador/lector conoce los entresijos del embrollo antes de que lo sepan los personajes pero es esa misma razón, lo que mantiene la tensión de esperar el momento en que el drama se revele y estalle dando lugar al desenlace final.
En conclusión, las circunstancias políticas y sociales llevadas al límite en la época de la Ilustración y las formas del lenguaje que adopta Moratín en el teatro Neoclásico, son los principales elementos que convierten a las gentes de la España del siglo XVIII y a las formas de hacer política, en la consecución de un país como el de las luces francesas. Por un lado, hubo mucho empeño del gobierno para el progreso del país; por otro, sobre todo, la perseverancia de los intelectuales ayudó a despertar la conciencia de la sociedad, que tomó sus propuestas (antes que resignarse a seguir como estaban). En este panorama el teatro tuvo un papel muy importante como arma de transmisión de esos nuevos modelos de sociedad más justa, culta y libre y que lograsen avanzar, así, de forma más moderna. En la actualidad, sería más viable, tal vez, innovar y reivindicar mediante el cine, pues, el teatro ha quedado en un segundo plano y no sería eficaz ya que no llegaría a un público amplio.
[1] De ella se destaca la ridiculización como medio para alcanzar el mismo fin de sus contemporáneos: crear una transformación y progreso en la sociedad
[2] Don Diego puede considerarse también el alter ego de Moratín puesto que representa la nueva fuerza -libre e Ilustrada- para España
[3] Su nombre real es Carlos, pero el embuste resulta una consecuencia más de la represión amorosa y la rigidez de hábitos del comportamiento educado. Además, acaba descubriéndose que es sobrino de Don Diego, como muestra de las inverosímiles casualidades de la literatura de la época
[4] En “El sí de las niñas” sería el hecho de que Don Carlos cuando estaba dispuesto a cumplir las órdenes de su tío, le hace llegar una carta a su amada antes de marcharse en mitad de la noche, lo que descubrirá el embrollo más adelante y hará que el propio tío lo mande buscar para reencontrar a los enamorados una vez se sabe toda la verdad al leer la carta