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Nací en Barcelona un lunes de noviembre, yo creo que por eso me gustan tanto los lunes, es como volver a nacer, volver a tener la oportunidad de hacer todo aquello que no has hecho, empieza la semana y empiezan las oportunidades. No tengo nada de especial: Aprendí a escribir en preescolar y ahora tengo un modesto blog donde hacerlo. Nunca me gustó jugar, sólo crear me entretenía: pintando dibujos contínuamente, inventando cómics que le regalaba a mi profesora, montando edificios y casas con piezas de Lego... pero las barbies y las nenucos que coleccionaba eran sólo ímpetu de mis tías. Ahora todo eso lo vomito en un cajón llamado internet. Crear siempre me aportó paz y plenitud, me ordena por dentro, así que espero que disfrutéis tanto como yo apaciguando mi caos.

sábado, 3 de marzo de 2012

El amor y no el éxito es lo importante

Es difícil ser niño, aunque parezca que sólo tienen que tenerte aseado y alimentado y tú te encargas de divertirte, no es así. Los adultos nos pasamos la vida frustrándolos. Es la moda de los 90 y de las décadas del 2000: "no subas aquí, que te vas a caer", "no juegues en los charcos, que te vas a ensuciar". Hoy en día todos los adolescentes están frustrados, nos preocupamos de decirles a todos que sí para no frustrarles y los malcriamos o los sobre protgemeos con demasiados límites y los frustramos. Algo no hacemos bien.

Los niños tienen que ensuciarse, tienen que caerse, tienen que llegar a casa con las rodillas peladas y el culo del pantalón lleno de polvo, subirse a los árboles, pasarse algún verano con el brazo o la pierna enyesada, dejarles descubrir hasta donde es su punto límite para que aprendan por ellos mismos que no deben pasarlo y estar a su lado mientras lo descubren por si les da por intentar volar desde lo alto de un muro. Sin embargo, en lugar de protegerlos, les enseñamos el miedo y yo pregunto... ¿no habría que tenerle respeto a la vida y no miedo? Yo no quiero ser de esas madres que se pasan el día poniendo límites, aunque se haya convertido en el único modo conocido de educar y se digan ese tipo de cosas ya por sistema, no es mi filosofía.

Si no les dejamos soñar, no estamos educando niños sino creando inútiles (que no incapaces) y eso, es lo peor que podemos hacerles cuando a un hijo se le desea lo mejor. No hablo desde el afán de que lleguen alto para no ser unos miserables y triunfen en la vida, por lo menos yo no quiero eso para mis hijos, quiero que si triunfan sea siendo felices, hagan lo que hagan y tengan el cargo que tengan. No se puede ser un fracasado o un miserable si eres feliz. Ese es otro de los grandes problemas con los que me he encontrado cuando trato con niños.
Suena a peli americana pero lo tenemos presente cada día, esperando que nuestros niños saquen dieces, apuntándolos a mil extra escolares, sufriendo porque sea el que marque el gol en el partido de su equipo... y nos convencemos tanto de ello y se lo plasmamos tanto que nos olvidamos de su obligación de niño: disfrutar. ¿Cuando juegan? Si de lunes a viernes llegan a casa para hacer deberes, ducharse y cenar y los fines de semana entre que van a Esplais (como siempre, dirigidos por un adulto) o tienen campeonatos de lo que sea, o ven a los abuelos... ¿Cuándo juegan? Después decimos que la juventud está dormida, que no tiene iniciativa por nada, pues, señores, es culpa nuestra (o vuestra, que yo todavía soy joven), si hemos pasado toda la vida dirigidos en todo lo que teníamos que hacer y cuando debíamos actuar por libre no había nadie que nos dijera cómo por una vez. Eso sí es un fracaso y no sacar un cinco en el examen de experimentales. Puede parecer una tontería pero la creatividad, el desarrollo de la imaginación, el ocio por si solo, es importante.

No soy madre pero si estoy muy vinculada en temas de la educación y la psicología evolutiva desde hace algunos años y me ha enseñado más de lo que cualquier libro podrá hacerlo. Espero que ello me convierta en la mejor madre posible; me equivocaré mil veces y millones más, estoy segura, pero siempre intentaré aprender de ello y no empeñarme en lo que el rebaño cree que es lo correcto, sin sentirme culpable por dejar que mi hijo se caiga, experimente, o no obcecarme en apuntarlo a mil actividades para que se le den bien. Quiero hijos felices, no hijos triunfadores. Estar con ellos y explicarles por que no pueden hacer el pino-puente en la ventana, con una explicación amorosa y lógica, que son niños, no tontos, pero sobre todo, estar con ellos. Mis padres me lo dieron todo. Venían de familias que sufrieron la posguerra y quisieron dármelo todo, es algo de lo que también aprendí como un error ya que yo hubiera preferido que mi padre me llevase al zoo o me explicase un cuento por las noches para mi cumpleaños a que me trajese la muñeca que pedía y que después se quedaba tirada en la estantería. A estas alturas creo que empezamos a comprender los de mi generación la importancia de pasar tiempo con ellos, qué pena que los padres de los que todavía están a medio camino no. El amor es lo importante y no el éxito.



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viernes, 17 de febrero de 2012

Mil razones para amarte




te quiero porque no hay ni habrá hombre más perfecto a mi lado, por tus pares de gafas desperdigados por todos lados y que nunca encuentras cuando los necesitas, por tu modo de afeitarte, la espuma y su olor, y porque también te dejas barba pensando en que me encanta, por haberte convertido en mi alguien que cuando me ponga borracha me lleve a casa y me meta en la cama, que me rompa las medias con la boca y luego me compre otras, que se pierda a mi lado para después rescatarme de laberintos sin sentido, que si se pone animal sea solo en la cama y me mate a besos por la mañana, que saque la espada y me defienda de víboras, lobos, buitres y putas, alguien que me haga el amor contra la pared y luego se meta conmigo en la bañera para hacerme cosquillas hasta que se nos arruga la piel, te quiero porque coses disfraces a mis días malos y los conviertes en buenos, por el modo desenfadado en que llevas siempre las corbatas, porque me gusta mirar tus ojos cuando tú no me miras y por como me tiemblan aún las piernas sin remedio por la manera en que sonríes cuando me miras, por las cartas que me escribes cuando no puedo dormir, porque adoro tus besos de locura cuando marca el barça y que te enfades como un niño cuando pierde, te quiero por la cara que pones cuando comes sandwich, porque nunca se ha puesto el sol sobre nuestro enfado, por tu cara de rabia cuando te huelo las manos a café recién hecho, porque no te olvidas de decirme “estoy loco por ti” los días que estoy enferma y mi pelo hecho un Cristo, te quiero porque no te enfadas si no me entiendes ni me entiendo y te mareo, porque me das besos para callarme cuando me pongo a protestar, porque conoces el significado de mis diferentes sonrisas, porque no puedes pasear por la calle conmigo sin cogerme de la mano, porque no me compras con regalos pero tienes mil detalles de papel, te quiero por la manera en que tu mano se pierde en mi pelo cuando estás preocupado, porque me haces reír hasta llorar y me haces reír cuando no puedo dejar de llorar, porque todavía a veces decides perseguirme por los bares y conquistarme otra vez como si no nos conociéramos, porque me traes los únicos Donettes que me gustan y difícil de encontrar cuando estoy triste para comérnoslos juntos mientras despotricamos del mundo, por cuando alimentas mis manías y me sacas la lengua después, porque tú sólo por mí todo, te quiero por ponerme siempre tu pecho como almohada, por como me levantas en el aire cuando me pongo cabezota, porque me vuelven loca tus pelos de loco, por como te ríes con el humor malo, porque todavía me estremezco cuando nos acariciamos, porque si miras a otra luego me guiñas el ojo riéndote de mis celos de hojalata, por entenderme entre frases cortadas y por como me coges la mano cuando conduces, te quiero por las veces que ocupas todo el sofá para que me estire encima aunque me hinque tus huesos por todas partes, por como te haces el dormido cuando te robo besos si estás durmiendo, porque aunque tampoco lo dudas no das por hecho que siempre voy a estar ahí y te esfuerzas como el primer día sorprendiéndome con detalles, porque me haces sentir que los imposibles no existen, por descubrirte clásicos literarios en el cajón después de haber sido muy pesada recomendándotelos y comprobar que te los lees en secreto, por tu lunar detrás de la oreja que me pierde, porque haces cds de música que me gusta y no soportas para ponerlos en el coche, porque siempre sabes lo que quiero incluso cuando yo no lo sé, por como me haces sonreír cuando me llamas “regalona” al saber lo que viene después, te quiero porque no puedes dormir a mi lado sin respirarme en la piel, por la forma en que te pones tonto para chincharme y me haces fotos para escribir piropos en ellas después, pero sobre todo te quiero porque sabes que no debes perderme porque por fin nos hemos encontrado.

jueves, 19 de enero de 2012

2012

Queridos lectores de mi abandonado blog, podéis crucificarme porque me lo merezco ¡y más cuando sepáis sobre qué vengo a escribir...! pero aunque no sirva de excusa, realmente tiene una explicación.
Además de tener unos problemas personales que resolver a contracorriente, este año los maravillosos organizadores del calendario universitario habían decidido hacer los exámenes en diciembre y en enero, por lo que en vez de hacerlos todos de una vez y descansar en paz con la nota sabida y digerida he tenido que prolongar mi aguda época de estrés, desesperación, abatimiento y desgaste físico, sin contar que pasé las vacaciones de Navidad trabajando y restando horas a mi tiempo de estudio. Pero en fin, que ya estoy aquí.

Como cada año, tenía pendiente hacer un balance del 2011 (qué lejano parece ya y no hace ni tan solo un mes..) pero no lo voy hacer porque ya hay que empezar las cosas con garra y poner la vista atrás no es compatible con ese consejo. Lo que sí quiero decir es que unos días antes de acabar el año (2010) alguien desalentado y perdido me pidió un consejo para enfrentar el nuevo año. Le dije que corriese, que no se detuviese por nada ni por nadie, que lo que vale la pena le marcará igual aunque corra, que si alguien merece la pena correrá a su lado, que todo eso de "saborear el momento" no son más que tonterías porque el tiempo, como el amor, es efímero y valioso, y dentro de un tiempo se arrepentiría de no haberlo aprovechado bien. Es algo que experimenté durante todo el año pasado y el anterior y lo recuerdo pasando veloz ante mi mente, como una bala, pero no me arrepiento en absoluto. Siempre he sido muy ambiciosa en cuanto a lo que proyectos se refiere, sin embargo, no es tiempo para soñadores y para este año no me he hecho demasiados propósitos, no porque no me crea capaz de cumplirlos, al contrario, soy la persona más terca y perseverante que puedas encontrarte, pero todo eso riñe con el hecho de que a veces hay cosas que se nos escapan de las manos, que no depende de nosotros, y estoy tan segura que mis esfuerzos no podrán ser recompensados, que he aprendido que a veces no hay que abarcar muchos planes y controlar tanto nuestras vidas.

Este año dejaré que fluya como la misma vida, sin ponerme metas ni crear sueños abstractos. Las cosas irán llegando y ya está. Quizás sea un poco de cobarde pero ahora mismo no me siento ni con la fuerza ni con el ánimo suficiente para afrontar un fracaso.

A pesar de todo, tengo que confesar y compartir algo aquí y ahora, y es que con sólo 20 días transcurridos de este 2012 apocalíptico, ya he cumplido un viejo sueño que arrastraba. Tampoco quiero alardear demasiado de ello pero quería decir orgullosa que después de incluirme en el registro de donantes de la fundación Josep Carreras contra la leucemia, la espera ha dado fruto y voy a poder salvarle la vida a alguien que será compatible conmigo y me necesita. Nunca sabré quién ha aprovechado mis células madre, pero no importa, me hace sentir inmensamente feliz.

En fin, paciencia, suerte y mucho amor para este 2012.

lunes, 12 de diciembre de 2011

All I want for Christmas is you

Parece que el espíritu navideño me salga de las entrañas como si un ancla que me arrastra forzosamente tratara de simular que todo está bien y que no hay ningún motivo para no celebrar las fiestas, como si todo volviera a ser como hace unos años y que así doliera menos que jamás lo será. Entonces, me encuentro practicando el barroco con los adornos en casa y haciendo planes de los de "calor humano" para esos días.


Desde que no estás, la encendida de luces en las calles me pone de mal humor, me vuelvo vulnerable y susceptible. Al principio creía que estaba enfadada por que lo hubieras estropeado todo y, de hecho, muchos creen que lo estoy, pero me he dado cuenta de que no es así. Es simple y llanamente que tengo una herida abierta en canal que me hace retorcerme por echarte tantísimo, tantísimo de menos. Me ha costado averiguarlo pero ahora que lo sé duele incluso más, tanto que a veces preferiría odiarte.

En esta época en la que muchos quisieran pasar página en el calendario y que es irremediablemente imposible, no hay día que no piense en ti... Cada vez que te recuerdo, las dudas me marean.


No sé qué es lo que me ha traído hasta este punto, tal vez sean las mismas ganas de que este año llegue ese bonito regalo que tanto he anhelado siempre, ése que vale más que cualquier otro en el mundo y que me haría llorar de felicidad con tan sólo un gesto.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Porque quiero ganar... simplemente.

Debería estar haciendo una monografía para la facultad (bastante complicada, por cierto) que, de hecho, arrastro desde hace muchísimo y la profesora en cuestión nos ha perdonado la vida varias veces, pero ya me veis: aquí estoy interrumpiendo las pocas horas de ultimátum que me quedan para escribir aquí sobre algo que ¡¡¡TIENE QUE SER MÍO!!! y por eso es digno de mi tiempo y de lo que sea necesario xD.

No sé si os interesa la fotografía aunque con el boom comercial que ha tenido en los últimos años sospecho que algo de modernillos tendréis. En todo caso, para los que sí, quiero hablaros de Carol Yepes. Casi me da pudor hablar de ella de tanta admiración que siento por su trabajo ¿Quién soy yo si ni siquiera sé manejar la cámara como es debido?
En fin, si ya la admiro sabiendo lo poco que alguna que otra entrevista (si no recuerdo mal) y la curiosidad en redes sociales me permite, cuando tan solo veáis sus fotografías os vais a quedar anonadados.

Carol es una gallega, madre de dos peques divertidísimos, médico (si no he tenido una interferencia errónea en mis sueños que me lo haya hecho creer, que es posible...) y súper ultra talentosa. Sus fotografías con niños, animales y de cualquier temática irradian luz, color, alegría y VIDA en mayúsculas, puede que recuerde al sueño americano con final feliz que todos querríamos tener. Lo cierto es que no sé de dónde saca el tiempo esta mujer para, además, hacer tutoriales, acciones y genialidades varias... pero ahora ha abierto un concurso en su blog que consiste en promocionar el premio por el cual entras en el sorteo al participar (creo que lo he explicado bien, no me mates, Carol... que me acabo de levantar): ¡¡¡un pdf para aprender a fotografiar niños!!!

Así que aquí estoy. Daros un paseo por su blog y descubrid esa magia de la que os hablo en cada foto (pero no participéis, que me restáis oportunidades :P jajajaja).
Por hoy, lo dejo. Espero cuanto menos disfrutar de una de sus sesiones o, quien sabe... quizás incluso hacerle una entrevista algún día para hablar entonces con conocimiento de causa y compartirla con vosotros. Deseadme muchísima suerte, porfiplis, que quiero ésa copia en pdf para aprender todo eso *_*


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PD: Pondría algunas fotillos pero no le he pedido permiso para hacerlo y de todos modos, así os obligo a chafardear su rincón.

martes, 15 de noviembre de 2011

En tiempos de crisis..... talento es lo que hace falta.

Seguro que habéis oído ya algunas veces la dichosa frase de "En tiempos de crisis hace falta creatividad y talento" y no es que sea poco acertada pero hoy vengo a dejar a un lado la escasa creatividad de nuestros gobernantes para sacarnos de esta situación y la ignorancia que practican hacia la gente emprendedora que sí es capaz y que derrocha propuestas y actitud. Lo que vengo a contar es el sentimentalismo, la parte emocional que adoptamos de repente en situaciones desesperantes -que no es que no la tengamos en otras circunstancias pero que sí se acentúa-. No sé vosotros pero yo de un tiempo atrás hasta ahora tengo la fibra sensible y no me hace falta mucho para sentirme ofendida, enfadada, cautivada o entusiasmada. De por sí ya soy una persona bastante emocional -ya lo dicen de los Escorpio...- pero creo que la impotencia por situaciones injustas nos hace tener los ojos más abiertos y por ello recibimos más estímulos tanto agradables como desagradables.
Os suelto todo este rollo porque ayer por la noche, cuando debería estar haciendo una monografía para la facultad, llegué a las once de la noche cansada, mojada por la lluvia y preocupada por haber perdido el monedero con el sueldo de dos meses dentro (que no es mucho pero que sí me hace mucha falta) así que pasé olímpicamente de la monografía y me di el capricho de hacer algo que me agradara, que me hiciera sentir desconectada del mundo vomitivo en el que estamos o que, por lo menos, me mostrara la otra cara y encontré algo que cumplía con todas esas connotaciones positivas. Vaya si lo encontré: os hablo de la música.

Hasta ahora era mítico decir que no se podría vivir en un mundo sin música y todas esas frases de las que incluso se han hecho grupos de fan de la famosa red social a la que no voy a anunciar, pero... no sé, me detuve un momento y me sentí feliz (un poco asqueada por no poder gozar de virtuosas voces como las que estaba oyendo pero feliz). Me parecía increíble que sólo cantando una persona pudiera transmitir tanto sin el menor esfuerzo y desde tan lejos, me recordó a la acción-reacción de un huracán: que empieza siendo un silbido y cada vez la repercusión es más y más fuerte; en este caso, una persona hace el simple acto de cantar una canción cualquiera y, de la nada, cambian las perspectivas de muchas personas. Es por eso que entiendo lo necesario que es el talento ahora mismo, no sólo por las soluciones que puede descubrir sino por las emociones desgraciadas que puede apaciguar.

Le recomiendo a todo el mundo que cante, no sé si os gusta o no, a mi me encanta y, como dijo una amiga, yo también he pensado siempre que tengo alma de artista pero que "Dios" no me dio la voz. Una pena no cumplir el típico sueño de dar conciertazos y tener que quedarte en tu casa flipándote a lo loco, así que tengo de todas maneras, a mi madre frita porque soy muy cantarina y sé por experiencia de mis allegados que la práctica enamora y que a personas que no les gustaba cantar se les ha vuelto una droga. Quizás no salimos de la crisis ni de situaciones muy lamentables algunas personas, pero al menos seremos más felices.

Y como me hizo sentir feliz, que mejor que compartirlo. Os dejo unos vídeos de personas (o personitas, mejor dicho porque no pasan los 20 años...) con poderes para hacer feliz. Os aconsejo verlos hasta el final porque algunos hacen cosas increíbles -en especial el chico de las gafas de pasta, tiene unas versiones que son una pasada... donde él mismo pone la voz, la guitarra, el piano, la pandereta, las palmas, la batería, los coros y todo lo que la canción requiera, ¡mirad el vídeo de "beat it" en su canal!-:


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¡¡¡Sed felices!!!

lunes, 14 de noviembre de 2011

El sí de las niñas: lectura obligatoria (en clase y fuera de ahí)

La pieza teatral “El sí de las niñas”, de Leandro Fernández de Moratín me resultó una de las obras más atractivas para realizar este comentario de opinión dentro de las lecturas recientes a las que me he adentrado, no tanto, desde una primera impresión, por el contenido y el hilo argumental sino por la gracia con que la escribió el autor. Moratín se erigió en baluarte, a través de la corriente llamada “comedia moratiniana”[1], en oposición a la tragedia y los sainetes, que vivían el máximo auge literario.

Al empezar a leerla me pareció una obra tan breve como simple con todas las connotaciones negativas que ello pueda comportar. No obstante, se hacía más compleja e interesante a medida que me introducía en ella: Era fácil pensar que, de alguna manera, nos recordara el teatro del absurdo de Miguel Mihura (como por ejemplo en “Tres sombreros de copa”), donde el humor sarcástico y los personajes simples asoman un previsible final pero, aunque “El sí de las niñas” cumpla con esas semejanzas, por el contrario, Moratín supo sacar a relucir lo más ilógico dentro de una situación lógica (o, según como se entienda, viceversa), por ejemplo: si la protagonista -Francisca-, a medida que iba avanzando la obra, se encontraba destinada a llevar una vida melancólica y frustrada sin poder escapar bajo ninguna circunstancia de esa situación, en este caso el autor decidió dar un giro inesperado y añadió, de la nada, personajes o trasfondos que no

conocíamos y que obligaban a cambiar el final de la trama.

Esta obra de teatro trata el tema de los matrimonios de interés y, en relación, la relevancia que cobraba la educación sumisa y religiosa en las niñas del siglo XVIII para llevar dichos matrimonios a cabo, motivo al que ya le dio antes visión Don Miguel de Cervantes en el capítulo XIV de “El Quijote”, en el discurso del personaje de Marcela (donde hablaba del derecho de las mujeres a amar al hombre que querían) y en el que Moratín se apoyó.
Hay una característica que me despertaba un especial interés a medida que iba leyendo y que me gustaría destacar especialmente: la manera en que Moratín consigue romper con

la previsibilidad.


Una de las características fundamentales en “El sí de las niñas” es, tal y como he resaltado en la introducción, la supuesta (y frustrada en este caso) previsibilidad, peculiaridad muy acentuada en la literatura de la época ilustrada, ya que, la propia sencillez de la obra desemboca en un supuesto final por parte del lector/espectador generalmente acertado; aunque Moratín tal vez se acerque más a la comedia romántica posterior. Además de esta sencillez, la coherencia y la concisión se veían reforzadas por unos factores particulares como una serie de personajes prototípicos nacidos de una sociedad retrógrada y conservadora que, en su mayor parte, parecía incapaz de rebatirlo. De entre estos personajes se apreciaba el reflejo del contexto social que, a pesar de la lucha de una minoría, se encajonaba cada vez más en la bufonería por un pensamiento simple y conformista frente a las posibilidades de avance social y de las libertades que defendían los ilustrados y, en concreto, los neoclásicos y que ambos trataban de combatir en sus obras, como es el caso de Moratín. Sin embargo, y aunque al principio de la lectura parecía cumplir esa singularidad de desenlace previsible, finalmente “El sí de las niñas” me sorprendió convirtiéndose en una
obra alejada del prejuicio simplista.


Para argumentar mi opinión me basaré en algunas características ya comentadas:

1- La sencillez y el claro didactismo típicos de la literatura de la Ilustración dio paso al fiel arraigo por la regla de las tres unidades en el teatro (unidades de acción, tiempo y espacio) y que exigía un solo escenario, un desarrollo corto del tiempo y una única acción para darle así más cohesión y claridad a la obra. Ejemplificándolo en “El sí de las niñas”, la trama se desarrolla en su mayor parte en la posada madrileña de Don Diego (cumpliendo con la unidad de espacio), futuro marido de la joven Francisca, interna en un colegio de monjas que instruía a las muchachas para un comportamiento hacia el respeto por la voluntad de sus autoritarias madres y hacia la obediencia. La protagonista va acompañada de su madre, Doña Irene, a visitar un par de días al anciano Don Diego (periodo que hace referencia a la unidad de tiempo) con la única intención de preparar la boda y conocer a su
prometido (lo que representa la unidad de acción).


2- Hablemos, pues, del prototipo de personajes en esta obra de teatro neoclásico. Son unos personajes más cercanos al lector/espectador porque trata temas de la clase media. Además, son también personajes aparentemente planos y encasillados en la resignación, parecen sentirse satisfechos con la adopción de una vida fácil dada al acomodamiento económico y a la tradición española de aspirar a un matrimonio donde el amor queda en segundo plano, es decir, como algo que debe surgir desde la perseverancia y no desde la fluidez natural; es el caso de Doña Irene, una madre viuda, egoísta y arruinada que pretende sacrificar la felicidad de su hija de dieciséis años y convencerla para que se case con un noble de avanzada edad (Don Diego[2]) sin ninguna otra alternativa futura. Esta actitud muestra un comportamiento obsesivo por el ascenso social muy común en las
gentes de la sociedad ilustrada.

Durante el primer acto parece que el resto de personajes gira también a su voluntad y que, en conjunto, todo ayuda a que acabe siendo una obra con final dramático, pero más adelante se comprueba que Don Diego -que está realmente emocionado por la boda y resulta el único personaje que representa la justicia, la empatía y la actitud coherente- es el primer punto de inflexión hacia la libertad y el progreso de las mentes. Él no está de acuerdo en hacer de Francisca una desdichada y se esfuerza en dialogar con ambas para asegurarse de que la desgracia no ocurra. Después, es la propia Francisca, una niña prácticamente devota y nacida para complacer a su madre, la que confiesa no querer casarse con el viejo por estar enamorada de otro hombre, Don Félix. A partir de ahí, se abre una esperanzadora puerta a la posibilidad del desencajonamiento definitivo de la sociedad española. Es en el último acto cuando los dos personajes prometidos, junto con la aparición del amado de Francisca, Don Félix[3] y a regañadientes de Doña Irene, luchan por aclarar la situación después de expulsar de la finca a Don Félix y encontrar su carta. Don Carlos (o Don Félix) es un personaje que, fruto del amor, se muestra rebelde desde el inicio de la obra al desaparecer de su destino militar pero que, al revés de Francisca, en el momento más álgido del embrollo, se acobarda y actúa desde el miedo hacia su tío Don Diego obedeciéndole y marchándose de la finca tras un regaño que éste le hace. Por lo tanto, estos personajes que al inicio de la lectura parecían planos, acaban evolucionando en la historia y reforzando con las actitudes que toman y sus actos la idea de la no previsibilidad.

3- Respecto a la separación entre lo cómico y lo trágico es un hecho que nació con el Neoclasicismo. Éste género admiraba la literatura griega y latina y sus rígidas normas (es por ello que acuna la regla de las tres unidades estrictamente) y trataba de forzar un retorno a la literatura clásica, la cual impuso también el gusto por la razón y un rechazo de los sentimientos. Por ello prevalecían el ensayo y el teatro frente géneros más sensacionalistas y fantásticos, ya que no se escribía para entretener sino para educar. Como consecuencia a todo ello desaparecieron las formas de composición líricas y
aumentó la voluntad por tratar la verosimilitud.

Haciendo frente a esta separación y al aislamiento que sufre la tragedia, Moratín fue el único dramaturgo que creó una comedia a través de la sátira de costumbres, uniendo la crítica de la raíz intelectual en el planteamiento y en el nudo que muestra los vicios sociales y la de raíz afectiva que muestra las virtudes en el desenlace para, así, lograr ese afán didáctico.

4- En referencia a los logros conseguidos gracias a esa voluntad educativa podría decirse que la crítica que hace el autor a esa falsa religiosidad de las gentes y de los personajes de “El sí de las niñas” que llevó a la Inquisición dio conciencia lo suficiente para que soplaran nuevos aires en la España del siglo XVIII y las decisiones que los padres tomaban respecto a sus hijos a partir de entonces. También hubo muchas reformas administrativas y

la eliminación de los privilegios feudales.

Económicamente se abrió el mercado para el comercio libre, lo que dio paso a la especialización productiva en la península y, en consecuencia, también aumentaron de población progresivamente zonas concretas del país, motivo por el que el Rey Carlos III creó poblaciones de inmigrantes alemanes como La Carolina o La Carlota (llamadas así en su nombre) para crecer la población de las zonas que carecían de ésta. El mismo rey fundó la Escuela de artes y oficios en las ciudades más importantes de España, fábricas de materiales lujosos pero también de productos de uso común -como la fábrica de paños de Ávila-, nació la Real Academia Española y no fue menos la educación superior

5- Por último, y no por ello menos importante, hay que tener en cuenta las formas del lenguaje. Un punto imprescindible para lograr la principal causa de interés de esta reseña, ya comentada anteriormente: la ruptura de la previsibilidad y la sencillez. Los recursos teatrales del dramaturgo madrileño se basan en prolongar la atención del lector/espectador mediante giros inesperados de la acción o enredar una trama aparentemente simple, tanto como sumar desenlaces cuando la historia está en sus puntos álgidos[4] y recurrir a un humor próximo al público. Además, hay pocas diferencias con el español actual y Moratín también adecúa el lenguaje oportuno para cada personaje. Lo podemos ver, por ejemplo, con Don Diego y Doña Paquita: el primero, un señor de clase social alta y culto, se expresa de manera fluida y correcta, mientras que la segunda utiliza frases cortas representando a una persona con dificultades para comunicarse ante personas de diferente status.

Ejemplo de un fragmento perteneciente al diálogo del tercer acto de la obra, escena 8ª, cuando Don Diego trata de asegurarse que la futura boda con Doña Francisca es viable, deseada y correcta y que muestra el lenguaje diferenciador de Moratín:

-Don Diego: ¿Qué siente usted?
-Doña Francisca: No es nada... Así un poco de...Nada... No tengo nada.
-Don Diego: algo será porque la veo a usted muy abatida, llorosa, inquieta... Qué tiene usted, Paquita? No sabe usted que la quiero tanto?
-Doña Francisca: Sí señor.
-Don Diego: Pues por qué no hace usted más confianza en mí? ... Piensa usted que no tendré yo gusto en ocasión de complacerla?
-Doña Francisca: Ya lo sé.
-Don Diego: Pues cómo sabiendo que tiene usted un amigo, no desahoga con él su corazón?
-Doña Francisca: Porque eso mismo me obliga a callar.


Cabe decir, también hablando del lenguaje, que en este nuevo teatro que sentará un precedente del drama romántico para sus contemporáneos, el autor muestra sus ideales personales referentes a la Ilustración por medio de la ironía y la ridiculización de aquello que impide que los personajes se muestren sinceramente tal y como son excepto en la última parte, como ya he argumentado anteriormente: se crecen en un comportamiento abierto a la comprensión y aceptación de la realidad y todos los personajes toman una actitud sencilla y honesta quitándose las máscaras con las que se habían presentado. Es decir, la verdad
acaba triunfando en la obra y el afecto resuelve el grave conflicto.

La última peculiaridad a destacar que demuestra la ruptura de la previsibilidad a través del lenguaje es la anticipación. El espectador/lector conoce los entresijos del embrollo antes de que lo sepan los personajes pero es esa misma razón, lo que mantiene la tensión de esperar el momento en que el drama se revele y estalle dando lugar al desenlace final.

En conclusión, las circunstancias políticas y sociales llevadas al límite en la época de la Ilustración y las formas del lenguaje que adopta Moratín en el teatro Neoclásico, son los principales elementos que convierten a las gentes de la España del siglo XVIII y a las formas de hacer política, en la consecución de un país como el de las luces francesas. Por un lado, hubo mucho empeño del gobierno para el progreso del país; por otro, sobre todo, la perseverancia de los intelectuales ayudó a despertar la conciencia de la sociedad, que tomó sus propuestas (antes que resignarse a seguir como estaban). En este panorama el teatro tuvo un papel muy importante como arma de transmisión de esos nuevos modelos de sociedad más justa, culta y libre y que lograsen avanzar, así, de forma más moderna. En la actualidad, sería más viable, tal vez, innovar y reivindicar mediante el cine, pues, el teatro ha quedado en un segundo plano y no sería eficaz ya que no llegaría a un público amplio.


[1] De ella se destaca la ridiculización como medio para alcanzar el mismo fin de sus contemporáneos: crear una transformación y progreso en la sociedad

[2] Don Diego puede considerarse también el alter ego de Moratín puesto que representa la nueva fuerza -libre e Ilustrada- para España

[3] Su nombre real es Carlos, pero el embuste resulta una consecuencia más de la represión amorosa y la rigidez de hábitos del comportamiento educado. Además, acaba descubriéndose que es sobrino de Don Diego, como muestra de las inverosímiles casualidades de la literatura de la época

[4] En “El sí de las niñas” sería el hecho de que Don Carlos cuando estaba dispuesto a cumplir las órdenes de su tío, le hace llegar una carta a su amada antes de marcharse en mitad de la noche, lo que descubrirá el embrollo más adelante y hará que el propio tío lo mande buscar para reencontrar a los enamorados una vez se sabe toda la verdad al leer la carta